No todo consejo viene envuelto en la vida que tú sueñas.

No todo consejo viene envuelto en la vida que tú sueñas.

·Ashley Diana Leon

Los consejos merecen discernimiento, no obediencia automática ni rechazo inmediato. La pregunta no es solo si deseas la vida de alguien, sino si la verdad que ofrece da buen fruto en la tuya.

Una vez escuché esta frase:

«No aceptes consejos de alguien cuya vida no querrías vivir».

No sé quién la dijo ni dónde la oí por primera vez, pero se me quedó grabada. Me sacudió —para bien— porque me hizo ver cuántas de las ideas que llevo conmigo ni siquiera nacieron de mí.

Muchas de las opiniones y creencias que guiaron mis decisiones, y muchas de las verdades a las que me aferré, fueron heredadas. Pasaron de una persona a otra hasta llegar a mí. Alguien las sembró, dejaron huella y, por alguna razón, mi mente decidió: «Sí, esto me lo quedo». Sin hacer una sola pregunta.

Esa frase me ayudó a revisar todo lo que había aceptado como verdad. Me dio permiso para detenerme y preguntar:

«Espera, ¿quién me enseñó esto?»

«¿La vida de esa persona respalda lo que me dijo?»

Ya se tratara de relaciones, religión, matrimonio, trabajo o de cómo tratar a los demás, la pregunta era la misma: si veo tu vida y no es una vida que elegiría para mí, ¿por qué tendría tu voz tanto peso en la mía?

Y, sinceramente, ese filtro me ha servido mucho. Me ha ayudado a cuidar mi paz y a recuperar mi propio criterio. Lo agradezco.

Cuando un filtro útil se convierte en un muro

Pero hay algo que llevo tiempo pensando: también es esencial para mí no descartar a las personas.

Hay un dicho que, en esencia, nos recuerda que no debemos desechar lo valioso junto con lo que ya no sirve.

Si solo escuchamos a quienes hablan como nosotros, piensan como nosotros, están de acuerdo con nosotros o nos hacen sentir bien, terminamos dentro de una cámara de eco. Nos alimentamos únicamente de lo que confirma nuestras ideas y, poco a poco, empezamos a creer que todo el mundo debería ser como nosotros. No creo que eso sea vivir con verdadera conciencia y madurez.

Para mí, una persona admirable es capaz de convivir con la diferencia.

Puede compartir la vida con personas que no se le parecen.

Y, aun así, elegir el vínculo.

Y, aun así, mantener la comunión.

Y, aun así, compartir la mesa.

Incluso cuando no están de acuerdo.

Discernir sin descartar a nadie

Entonces aparece otra pregunta:

¿Cómo les doy lugar a las dos ideas?

¿Cómo respeto la sabiduría de «no aceptes consejos de alguien cuya vida no querrías vivir» sin cerrarme a los pequeños destellos de sabiduría que otras personas también pueden ofrecer?

Aunque me parezca que alguien está un poco fuera de órbita.

Aunque su manera de vivir no conecte del todo conmigo.

Aunque no quiera convertirme en esa persona, ¿puedo permitir que algo verdadero de lo que dice me transforme?

Creo que ahí está el verdadero trabajo.

Hace falta madurez.

Hace falta discernimiento.

Hace falta humildad.

Así que hoy reformularía aquella frase:

«No aceptes consejos de alguien cuya vida no querrías vivir… a menos que reconozcas que incluso esa persona puede tener algo de sabiduría que tú necesitas escuchar».

Deja entrar esa verdad.

Deja que te sorprenda.

Mira lo que sucede cuando aprendes a dar cabida a verdades distintas, a convivir con las contradicciones y a abrirte a la complejidad.

¿Sinceramente?

No se me ocurre una forma más poderosa de crecer.