El duelo gestacional no vive únicamente en la vida que se perdió. A veces también habita el futuro que imaginaste, la relación que esperabas y el cuerpo que todavía recuerda.
Creo que está bien extrañar algo y, al mismo tiempo, no querer recuperarlo.
En mi relación anterior, mi pareja y yo esperábamos un bebé, pero sufrimos una pérdida gestacional. Han pasado años y descubro que aún estoy procesando lo que ocurrió.
El duelo por la vida que imaginé
Hay días en los que vuelvo a imaginar cómo habría sido mi bebé. Su rostro. Su cabello. Sus ojos, parecidos a los de su padre.
Lo imaginaba de pequeño. Imaginaba el vínculo que tendríamos. Me veía haciendo todo lo posible por darle la vida que yo no tuve, o quizá la vida que me habría gustado tener.
Hoy ya no estoy en aquella relación. Aquel bebé no llegó a nacer. Ahora comparto mi vida con otra persona y soy muy feliz.
Dos verdades pueden convivir
Y, aun así, ambas realidades conviven en mí.
Todavía imagino cómo habría sido mi vida si mi bebé hubiera nacido, el rumbo que habría tomado.
No puedo decir que sepa por qué suceden las cosas. Tengo ideas y teorías. La mayoría probablemente sean formas de sobrellevar lo ocurrido. Quizá alguna sea una revelación divina. ¿Qué sé yo?
Pero en días como hoy, siento que mi cuerpo recuerda. Es como si algo hubiese estado destinado a suceder y, sencillamente, no hubiera sucedido.
Y uso la palabra «destinado» según mi propia manera de entender la vida. Porque, si de verdad tenía que suceder, él estaría aquí, ¿no?
Esta es una de las partes más desconcertantes de la experiencia humana: queremos que todo sea blanco o negro, pero no siempre funciona así. A veces hay un poco de todo. Otras veces queda un vacío enorme.
Hoy no extraño lo que tuve. Extraño lo que imaginé que podría llegar a tener.
Todavía me pregunto cómo habría sido esa vida. ¿Debería sentirme culpable? ¿Está mal? ¿Es egoísta sentirlo?
No lo sé.
Darle permiso al duelo
Lo que sí sé es esto: está bien vivir un duelo incluso por algo que nunca llegó a suceder. Puedes llorar la vida que imaginaste y la historia que creíste que ibas a vivir.
Porque, lo admita o no, mi cuerpo conoce el duelo. En cuanto hago silencio y me encuentro conmigo misma, aparecen las lágrimas. Es como si mi cuerpo hubiera esperado todo este tiempo a que yo pudiera sentirlas.
Así que sí, esto es lo que hay. Este es el lugar en el que estoy hoy.




